Huertas con historia: donde el bienestar empieza en la tierra

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Huertas con historia: donde el bienestar empieza en la tierra

15.07.2026

Hay lugares que se descubren caminando, sin prisa, al ritmo de las estaciones y del trabajo de quien lleva generaciones cultivando la misma tierra. En Castilla Termal creemos que el bienestar también empieza ahí: en una conversación con el hortelano, en el aroma que suelta una tomatera al rozarla, en una lechuga que todavía tiene tierra en las hojas cuando se corta, en el silencio de una huerta al atardecer. 
Nuestras huertas no son un decorado ni un recurso de la cocina. Son espacios vivos, con historia propia, que hemos ido recuperando hotel a hotel para convertirlos en parte de la experiencia de quien nos visita. 

Huerta Quitapesares: recuperar la memoria de una tierra 

Junto a El Burgo de Osma hay un campo que llevaba siglos viendo pasar a quienes habitaban este enclave monumental, mucho antes de que existiera el hotel. Hoy vuelve a cultivarse, con la intención de que dé frutas, verduras y hortalizas de temporada, respetando los ciclos naturales y recuperando variedades locales que estaban a punto de perderse. 

La visita empieza recorriendo los bancales junto al hortelano, que va explicando cómo cambia la huerta con cada estación, qué se está sembrando y por qué cada producto tiene su momento y no otro. Es una forma sencilla de entender algo que solemos olvidar, que la gastronomía empieza mucho antes de llegar a la cocina. 

Después llega el fuego. Las verduras que se acaban de recoger, los huevos de gallina Castellana Negra, los productos de pequeños productores sorianos y la brasa convierten la cena en algo cercano a un mapa del territorio, donde cada ingrediente tiene detrás un nombre, un origen y una temporada concreta. El verdadero lujo, al final, no está en traer algo de lejos, sino en descubrir lo que crece a unos metros de la mesa. 


Huertas que forman parte del paisaje 

Quitapesares no está sola. En Castilla Termal Olmedo, el huerto forma parte de la vida del antiguo convento mudéjar que hoy es el hotel, y también se puede recorrer: sus cultivos siguen abasteciendo parte de la cocina, como recuerdo de esa relación tan antigua entre los monasterios y la tierra que trabajaban. 

En Castilla Termal Monasterio de Valbuena, rodeado de viñedos centenarios a orillas del Duero, el paisaje agrícola no se puede separar de la experiencia del hotel: el huésped puede caminar entre el viñedo, el huerto y las hierbas aromáticas que dan forma a una cocina muy anclada en la Ribera del Duero. 

En Castilla Termal Brihuega, el paisaje cultivado tiene otro protagonista: los campos de lavanda que rodean el pueblo, en plena Alcarria, tierra que desde hace siglos se conoce también por su miel. El huerto se visita en ese mismo entorno aromático, y esa doble identidad, lo que se cultiva para comer y lo que perfuma el aire, se nota en la mesa. 

Cada huerta tiene su propio carácter, sencillamente porque cada territorio en el que está lo tiene. En todas, eso sí, la visita se cierra igual, con un aperitivo hecho con lo que se acaba de recoger. 


Del campo a la mesa 

Hablar de proximidad no es solo cuestión de kilómetros. Es saber quién cultiva lo que se come, respetar el ritmo con el que crece cada cosa y cocinarla cuando de verdad está en su mejor momento. Por eso nuestras propuestas gastronómicas cambian con las estaciones: lo que hoy madura en la huerta será distinto dentro de unas semanas, y ese cambio constante es, precisamente, parte de lo que las hace valiosas. 


Una forma distinta de conocer un destino 

Viajar también puede ser aprender a qué sabe un tomate recién recogido, entender por qué una lechuga recién cortada tiene otra textura, o ver cómo el fuego transforma una verdura que hace un rato todavía estaba en la tierra. Puede ser sentarse a hablar con quien la cuida cada día y descubrir que, detrás de cada plato, hay un paisaje, un oficio y una comunidad concretos. 

Conocer Castilla Termal es, también, conocer lo que cultivamos. Antes de llegar a la mesa, hay una historia que empezó mucho antes, bajo tierra, al ritmo de las estaciones y de quienes la trabajan.