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Una vez al año, en el primer miércoles de agosto, Peñaranda de Duero hace algo que ningún otro pueblo de Castilla hace igual: apaga todas las luces artificiales y enciende trece mil velas.
Las coloca en balcones, ventanas, escaleras, soportales, arcos y rincones del casco histórico. Las distribuye por la Plaza Mayor, por las calles medievales, por las portadas de piedra y por los pies de los monumentos. Y cuando cae la noche y el conjunto histórico se ilumina únicamente con esa luz cálida, titilante e imperfecta, algo cambia en el espacio. La colegiata del siglo XVI pierde su severidad diurna. El Palacio de Avellaneda cobra un aspecto que ninguna fotografía con flash puede capturar. Las calles de adobe y madera se convierten en otra cosa: más íntimas, más antiguas, más vivas.
La Noche de las Velas de Peñaranda de Duero es uno de los eventos culturales más singulares del verano en Castilla y León, y uno de los mejores argumentos para planificar el viaje al sureste burgalés en agosto.
La estructura del evento se repite con variaciones cada año, y su lógica es la de una noche que se va encendiendo gradualmente hasta alcanzar su punto máximo entre las diez y la medianoche.
A partir de las 19:00 h: los vecinos y voluntarios comienzan a colocar las velas en sus posiciones por todo el casco histórico. Este momento previo al encendido tiene su propio encanto: ver el pueblo preparándose, las filas de vasos de cera alineados en los soportales, la anticipación de lo que está por llegar.
21:00 h: encendido oficial de las velas y apertura de monumentos.
21:30 a 23:30 h: el programa de espectáculos se distribuye por distintos escenarios simultáneos dentro del casco histórico.
24:00 h: concierto de cierre en la Plaza Mayor, habitualmente con una formación musical de mayor formato.
1:30 - 2:00 h: apagado progresivo de las velas. El pueblo vuelve lentamente a la oscuridad.
